Mi cuerpo no miente: Vivir con endometriosis
- Laura Eulalia
- Jul 19
- 3 min read
Hoy no voy a hablar de arte ni de naturaleza. Hoy uso este espacio—que suele ser un rincón de calma—para hacer ruido. Para hablar alto y claro sobre una realidad que afecta a millones de mujeres y que sigue siendo invisible: la endometriosis.
Esta mañana tuve mi primera consulta online con una clínica privada especializada en salud femenina integral. ¿El presupuesto? Entre 6.000 y 10.000 euros. Me quedé helada. ¿Cuántas de nosotras podemos permitirnos eso? ¿Dónde quedamos las mujeres trabajadoras, las que sobrevivimos como podemos entre alquileres abusivos y sueldos precarios?
Es importante que se sepa: una de cada diez mujeres tiene endometriosis. Y, sin embargo, casi nadie habla de ello. Yo misma tardé casi 20 años en recibir un diagnóstico, y cuando por fin llegó, ni siquiera sabía de qué me estaban hablando. Desde los 11 hasta los 30 años viví pensando que el dolor insoportable que sentía era “normal”.
Pero no—no es normal.
No, no son “nervios”.
No, no estás exagerando.
No, no es “parte de ser mujer”.
No, no está en tu cabeza.
Y no—no tienes por qué conformarte.
Crecí creyendo que aguantar el dolor era parte de mi papel como niña, como mujer. Los médicos me decían que era normal. Mi madre también. La sociedad entera lo decía. Y yo me lo creí.
He tenido fracturas, incluso un herpes zóster... y te aseguro que si puedes vivir con endometriosis y seguir caminando, también puedes soportar un hueso roto sin ir al médico. Esta enfermedad desgasta. Y además, te hace dudar de ti misma. Te hace sentir invisible. Te desconecta de ti.
Del desconocimiento al diagnóstico (y más allá)
Cuando por fin llega el diagnóstico, empieza un recorrido agotador entre soluciones a medias:
Anticonceptivos para reducir las reglas
Dietas antiinflamatorias
Acupuntura, quiropráctica, yoga
Cremas, aparatos, bolsas y compresas calientes
Meditaciones, masajes, psicodélicos
Pastillas para dormir. Para despertar. Para no llorar.
Todo son “parches”. Pero ningún tratamiento aborda de raíz el desequilibrio hormonal que lo provoca. Ni siquiera te piden una analítica. Te recetan algo, te calman… pero no te ven.
¿Y lo más grave? Que te hacen sentir culpable por no mejorar. Por no estar bien. Por seguir quejándote.
El aislamiento emocional
La endometriosis no solo duele. Te aísla. Te hace sentir sola. Te roba la confianza. Te da miedo contar cómo te sientes por no molestar, por no parecer débil, por no ser “la pesada que siempre se queja de lo mismo”.

Porque…
¿Quién va a querer a una mujer que no siempre puede estar? ¿Quién va a querer a una amiga que a menudo tiene que cancelar? ¿Quién va a contratar a alguien que cada mes necesita parar unos días? ¿Quién va a querer escucharte hablar del mismo dolor de siempre?
Estas preguntas, muchas veces, nos las hacemos en silencio. Pero no tendríamos que hacerlo solas. No son exageraciones. Son reales. Muchas las llevamos clavadas como espinas en el pecho. Y esto no puede seguir así.
💛 Si tú también vives con endometriosis, no estás sola.
Este texto no es solo un grito de denuncia. Es una mano tendida. Si tú también sufres endometriosis, si te has visto reflejada en estas palabras, si alguna vez te has sentido invisible:
Te creo. Te veo. No estás sola.
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